¿Pueden la ciencia o la filosofía hacernos mejores?
actualizado: 11-Feb-2005
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:: «Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás» / René Descartes
:: «La filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros; las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres» / René Descartes
:: «Filosofía es la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como norma para su conducta» / Sócrates
:: «Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de sus principios» / Leon Tolstoi
:: «La filosofía triunfa con facilidad sobre las desventuras pasadas y futuras, pero las desventuras presentes triunfan sobre la filosofía» / François de la Rochefoucauld
:: «La historia de las ideas filosóficas es la historia de hombres de carne y hueso en lucha con sus circunstancias. Lo más abstracto de las ideas oculta siempre actitudes vitales concretas» / Leopoldo Zea
:: «La filosofía es algo humano y está lejos de ser mera teoría abstracta; es, además, una propedéutica de elevación, pues eleva al hombre a la realización de lo verdadero, lo bueno y lo bello» / Agustín Basave
:: «Es cierto que los resultados de la Ciencia ni significan a los hombres
ni los enriquecen, pero sí lo hace el trabajo intelectual, tanto productivo
como receptivo, que es el esfuerzo por comprender»
.. «El perfeccionamiento ético y moral es una meta más cercana
a las tareas del arte que a las de la ciencia» / Albert Einstein
:: Dicen que H.G. Wells exclamó: «Esta maldita ciencia es el mismo demonio. Si la forzáis, os ofrece dones, y tan pronto los tomáis, os hace pedazos de algún modo inesperado. Viejas pasiones y nuevas armas. Tan pronto trastornan vuestra religión, tan pronto trastornan vuestras ideas sociales. Tan pronto os arroja a la desolación y a la miseria»
CALICLES -- Hermoso es atender a la filosofía en tanto que es útil
para la educación, y no está feo en un hombre el filosofar; mas
cuando un hombre, llegado a edad madura, filosofa todavía, la cosa se
convierte en ridícula, amigo Sócrates, y ante esos practicantes
de la filosofía tengo una impresión muy semejante a la que experimento
en presencia de los que pronuncian mal y se comportan de modo infantil. Cuando
yo veo que juega y balbucea un niño del cual es propio hablar así
todavía, encuentro en ello encanto y me parece que es cosa graciosa (...)
Y cuando escuchamos a un hombre balbucir o lo vemos comportarse como un niño,
ello me parece ridículo, nada viril, y digno de golpes. Eso es lo que
experimento también ante los que filosofan. En efecto, cuando veo la
filosofía en un jovencito, me complazco, me parece que le cuadra, y estimo
que ese hombre es de condición libre, y si, por el contrario, no le presta
atención a la filosofía, considero que es un hombre servil y que
jamás deberá considerarse digno de nada bello ni grande. Mas cuando
veo que un hombre entrado en años filosofa y no desiste de ello, encuentro
que necesita que le golpeen, amigo Sócrates. Porque, como ahora mismo
decía, ese hombre, aunque la naturaleza le haya dotado bien, necesariamente
ha de perder la condición de hombre auténtico, al huir de los
lugares frecuentados de la ciudad y de las asambleas, en las cuales, como decía
el poeta, ganan honra los hombres, y al esconderse para pasar su vida susurrando
en un rincón en compañía de tres o cuatro jovencitos y
sin decir jamás nada que sea digno de un hombre libre, nada importante,
nada valioso. (485c ss.)
[...]
SÓCRATES -- Cuando tú llamas a alguien "mejor", ¿le
podrías llamar también "más poderoso"? (...)
¿Llamas tal vez "más poderosos" a los más fuertes
y, según tú, deben obedecer al más fuerte los más
débiles (...)?
[...]
CALICLES -- (...) Dime Sócrates, ¿no te da vergüenza, a tu
edad, andar a la caza de palabras y, si alguien se equivoca en un vocablo, considerar
eso un feliz hallazgo? ¿Crees que yo digo que "ser más poderosos"
es distinto que "ser mejores"?
[...]
SÓCRATES -- Tal debe ser, a mi entender, el objetivo que debemos tener
ante nuestros ojos toda la vida, y, poniendo a contribución todos nuestros
esfuerzos y los del Estado, obrar de modo que la justicia y la moderación
asistan al que quiere ser feliz, sin dejar que los deseos estén faltos
de freno y sin vivir la vida de un bandido por tratar de satisfacerlos, mal
inacabable. En efecto, un hombre así no puede inspirar afecto ni a otro
hombre ni a un dios; es un ser sin aptitudes para la sociabilidad, y el hombre
que no es idóneo para la vida en común no puede contar con la
amistad. Dicen los sabios, amigo Calicles, que la sociabilidad, la amistad,
el buen orden, la prudencia y la justicia mantienen unidos cielo y tierra, dioses
y hombres, y por esa razón llaman "cosmos" a todo ese conjunto,
y no desorden ni intemperancia. Pero me parece que tú, pese a tu sabiduría,
no dedicas tu atención a esas cosas, sino que se te oculta que la igualdad
geométrica desempeña un papel importante tanto entre los dioses
como entre los hombres, y por descuidar la geometría, crees que debemos
cultivar las prácticas propias de la ambición. Pues bien: o refutamos
la conclusión de que los hombres son felices por la posesión de
la justicia y la moderación, y desgraciados por la maldad, o, si es verdadera,
debemos pensar cuáles son las consecuencias. (508b ss)
«Así, un artista o un hombre de ciencia, pueden profesar una filosofía
de falta general de significación y, a pesar de ello, llevar una vida
profundamente satisfecha. Las razones de ello deben buscarse en el hecho de
que la creación artística y la investigación científica
son ocupaciones deliciosamente absorbentes, que poseen además cierta
significación particular, en virtud de sus relaciones con la verdad y
la belleza. No obstante, la creación artística y la investigación
científica pueden emplearse, y se emplean constantemente, como expedientes
para escapar de las responsabilidades de la vida. Se las ha proclamado fines
absolutamente buenos en sí mismos; fines tan dignos de admiración,
que aquellos que los persiguen están excusados de tener que preocuparse
de ninguna otra cosa. Esto es especialmente cierto de la ciencia contemporánea.
La masa de conocimientos acumulados es tan grande que le resulta ahora imposible
a un individuo cualquiera, abarcar firmemente más de un pequeño
campo de estudio. Mientras tanto, no se hace ninguna tentativa para formular
una síntesis comprensiva de los resultados generales de la investigación
científica. Nuestras universidades no tienen cátedras de síntesis.
Más aún, todas las subvenciones se destinan al estudio de temas
especiales (...) En nuestras instituciones de enseñanza superior se gasta
casi diez veces en ciencias naturales lo que se destina a las ciencias del hombre.
Todos nuestros esfuerzos se dirigen, como de costumbre, a producir procedimientos
perfeccionados para fines no mejorados. Mientras tanto, la especialización
intensiva tiende a reducir cada rama de las ciencias a una condición
que se aproxima a la carencia de significado. Hay muchos hombres de ciencia
que se sienten verdaderamente orgullosos por este estado de cosas. [...] La
ciencia y el arte son, desgraciadamente demasiado a menudo, una manera superior
de doparse, que tiene esta ventaja sobre el alcohol y la morfina: uno
puede entregarse a ellos con la mejor conciencia y con el convencimiento de
que mientras los consiente está viviendo una vida superior. Esto
hasta cierto punto es, naturalmente, verdad. La vida del artista y la del hombre
de ciencia son vidas superiores. Desgraciadamente, cuando la vida superior es
vivida de un modo irresponsable y unilateral resulta posiblemente más
perniciosa para el individuo que la vida inferior del hombre sensual medio y,
sin duda, en el caso del hombre de ciencia, mucho más perjudicial para
la sociedad en conjunto.»
«El valor de un hombre para su comunidad suele fijarse según cómo
oriente su sensibilidad, su pensamiento y su acción hacia el reclamo
de los otros. Acostumbramos a definirlo como bueno o como malo en ese orden.
De modo que, a primera vista, que sólo las cualidades sociales determinan
el juicio de una persona.
Y, sin embargo, esa interpretación no sería justa. Es fácil
comprender que todos los bienes materiales, espirituales y morales que hemos
recibido de la comunidad se deben a generaciones innumerables de individualidades
creadoras organizadas. Uno descubrió un día el uso del fuego,
otro el cultivo de plantas alimenticias, otro la máquina de vapor.
Sólo el individuo aislado puede pensar. Desde allí descubrirá
nuevos valores y formulará normas morales que sirvan para la vida de
la comunidad.
Sin personalidades creadoras que piensen por sí mismas es tan impensable
el desarrollo de la comunidad como lo sería el desarrollo del individuo
fuera del ámbito comunitario.
Una sociedad está pues tan ligada a la independencia de sus individuos
como a su asociación dentro de su seno. Se ha dicho con mucha razón
que la cultura griego-europea-norteamericana y en particular el Renacimiento
italiano, que significó el fin de la paralización cultural de
la Edad Media, se basó en la libertad y en el relativo aislamiento del
individuo.
¡Contemplemos ahora la época en que vivimos! ¿Qué
ocurre con la comunidad y la personalidad? La población en los países
cultos es extremadamente densa respecto a otras épocas; Europa sola contiene
hoy casi el triple de la población de hace un siglo. Pero la cantidad
de naturalezas rectoras, sobre todo en el campo de la técnica, pero también
en un grado apreciable en el campo de la ciencia.»